Reservas estratégicas, diversificación energética y avance en renovables le dan ventaja frente a otros países, pero su alta dependencia de importaciones sigue siendo un punto crítico.
La actual crisis en el suministro global de petróleo, marcada por tensiones en Medio Oriente y el bloqueo del estrecho de Ormuz, está poniendo a prueba la preparación energética de China.
A diferencia de otros países de Asia, el gigante asiático llega mejor posicionado a este escenario tras años de planificación estratégica, acumulación de reservas y diversificación de su matriz energética.
Una estrategia de largo plazo
Durante años, China aprovechó períodos de precios bajos para construir enormes reservas de crudo. Se estima que acumula entre 900 millones y 1.400 millones de barriles, lo que equivale a cerca de tres meses de importaciones.
Además, diversificó sus proveedores. Aunque depende del petróleo del Golfo, también importa grandes volúmenes desde Rusia, que hoy representa una de sus principales fuentes de abastecimiento.
Otro factor clave es su matriz energética: a diferencia de Europa o Estados Unidos, el petróleo y el gas tienen un peso menor en su consumo total, mientras que el carbón sigue siendo la principal fuente de generación eléctrica.
Energías renovables y autosuficiencia
El desarrollo de energías limpias es otro pilar de su estrategia. China lidera la expansión de energía eólica, solar e hidroeléctrica, que ya generan más de un tercio de su electricidad.
A esto se suma el crecimiento de los vehículos eléctricos, que reducen la dependencia del combustible fósil en el transporte, uno de los sectores más demandantes de petróleo.
Esta transición energética no solo responde a cuestiones ambientales, sino también a una lógica geopolítica: reducir la exposición a crisis internacionales como la actual.
El punto débil
Sin embargo, el país no es inmune. Como mayor importador de petróleo del mundo, sigue dependiendo en gran medida del suministro externo, especialmente de Medio Oriente.
El cierre del estrecho de Ormuz —por donde circula cerca de una quinta parte del crudo global— impacta directamente en sus costos energéticos.
Esto se traduce en aumentos en los precios internos del combustible y en mayores costos para sectores clave como la industria petroquímica, fundamental para la producción de plásticos, fertilizantes y otros insumos.
En definitiva, aunque China logró construir un “colchón” que le permite resistir mejor que otros países, su dependencia estructural de las importaciones sigue siendo su principal vulnerabilidad frente a una crisis prolongada.
