El Ejecutivo habilitó que los bancos otorguen préstamos en dólares a empresas que no necesariamente generan ingresos en esa moneda. La medida busca impulsar la inversión, pero especialistas advierten sobre el riesgo de que compañías que facturan en pesos queden expuestas a una fuerte suba del dólar, un problema que tuvo un papel central en la crisis de 2001.

El Gobierno de Javier Milei oficializó la flexibilización de los créditos en dólares para empresas que no generan ingresos en esa moneda. A través del DNU 736/2026, publicado en el Boletín Oficial, el Ejecutivo amplió el universo de compañías que podrán acceder a financiamiento en moneda extranjera.

La medida tiene un objetivo declarado: movilizar los dólares depositados en el sistema financiero y transformarlos en crédito para la inversión y la actividad productiva.

Pero detrás de la decisión aparece un riesgo que la Argentina conoce de cerca: el descalce cambiario. Es decir, que una empresa tenga sus ingresos principalmente en pesos, pero asuma una deuda que deberá pagar en dólares.

Ese mecanismo puede convertirse en un problema si el tipo de cambio aumenta con fuerza. Y el antecedente de la crisis de 2001 vuelve inevitable la comparación.

El recuerdo de 2001

Las restricciones al financiamiento en dólares para empresas que no generan divisas se profundizaron después de la crisis de 2001. La lógica era evitar que compañías con ingresos en pesos acumularan obligaciones en dólares y quedaran expuestas a una devaluación.

El problema del descalce cambiario quedó particularmente expuesto durante la salida de la convertibilidad. Empresas que habían tomado deuda en moneda extranjera vieron multiplicarse el peso de sus obligaciones cuando sus ingresos no aumentaron al mismo ritmo.

La situación terminó afectando la capacidad de pago de numerosas compañías y tuvo consecuencias sobre el sistema financiero.

La situación actual no es idéntica a la de 2001, pero la flexibilización vuelve a poner sobre la mesa aquella vulnerabilidad: empresas que cobran en pesos podrán acceder a una herramienta de financiamiento denominada en dólares, siempre que cumplan con las condiciones que establezca el Banco Central.

¿Qué puede pasar si sube el dólar?

El riesgo es relativamente sencillo de entender.

Una empresa puede tomar un crédito por US$1 millón y utilizarlo para comprar maquinaria, ampliar una planta o financiar una inversión. Si sus ingresos están principalmente en pesos, necesitará comprar dólares en el futuro para cancelar la deuda.

Mientras el tipo de cambio permanezca estable, el riesgo puede ser manejable.

Pero si el dólar aumenta significativamente, la cantidad de pesos necesarios para pagar la misma deuda se dispara.

Una compañía que antes necesitaba una determinada cantidad de pesos para comprar los dólares destinados a una cuota puede encontrarse, después de una devaluación, con una obligación mucho mayor.

Si sus ingresos no acompañan esa suba, el crédito puede pasar de ser una herramienta de inversión a convertirse en un problema financiero.

El riesgo no queda limitado a las empresas

El otro punto sensible está en los bancos.

Las entidades financieras recibirán dólares de los depositantes y podrán canalizarlos hacia empresas que, en algunos casos, no tendrán ingresos en esa misma moneda.

Eso genera un interrogante sobre la capacidad de repago de los deudores frente a un escenario de fuerte volatilidad cambiaria.

Si una empresa no puede afrontar su deuda, el problema deja de ser exclusivamente suyo y puede impactar sobre la cartera de créditos de los bancos.

Por eso, la clave estará en las condiciones que establezca el Banco Central: qué empresas podrán acceder, qué garantías deberán presentar, qué límites tendrán los préstamos y cómo se evaluará la capacidad de pago.

Una flexibilización que amplía el universo de deudores

El DNU modifica el artículo 23 del Decreto 905/2002 y permite ampliar el destino de los fondos provenientes de depósitos en dólares.

Hasta ahora, el crédito en moneda extranjera estaba principalmente vinculado con empresas que tenían ingresos en dólares, especialmente aquellas relacionadas con el comercio exterior.

Con la nueva normativa, también podrán acceder otras personas jurídicas que cumplan con los requisitos que determine la autoridad monetaria.

El cambio amplía la oferta de crédito, pero también el universo de empresas expuestas a una eventual suba del dólar.

Los dólares que busca movilizar el Gobierno

El Ejecutivo sostiene que existen grandes cantidades de dólares fuera del sistema financiero que podrían utilizarse para financiar la economía.

Según los datos citados en el DNU, al cierre del primer trimestre de 2026 el sector privado no financiero acumulaba activos externos por U$S 262.014 millones.

Dentro de los bancos locales había U$S 39.336 millones en depósitos en moneda extranjera a fines de junio, mientras que el stock de préstamos en dólares al sector privado alcanzaba los U$S 23.716 millones.

Para el Gobierno, esos números muestran que existe margen para incrementar el crédito en dólares y canalizar recursos hacia la inversión.

El problema es que más crédito también significa más deuda, y cuando esa deuda está denominada en dólares el riesgo aumenta para quienes no generan ingresos en esa moneda.

El desafío: que el crédito no se convierta en una nueva vulnerabilidad

La apuesta del Gobierno es que la flexibilización permita financiar inversiones, aumentar la actividad y aprovechar los dólares que hoy permanecen inmovilizados.

El riesgo está en que el crecimiento del crédito en moneda extranjera avance más rápido que la capacidad real de las empresas para generar los dólares necesarios para devolverlo.

La comparación con 2001, por lo tanto, no significa que la Argentina esté frente al mismo escenario económico ni que necesariamente vaya a repetirse aquella crisis. El punto en común es la vulnerabilidad que genera endeudarse en dólares cuando los ingresos están principalmente en pesos.

La experiencia argentina ya mostró que una fuerte modificación del tipo de cambio puede transformar rápidamente una deuda aparentemente manejable en una obligación difícil de afrontar.

Ahora, el desafío para el Gobierno y el Banco Central será evitar que la flexibilización que busca impulsar el crédito termine creando un nuevo foco de riesgo cambiario para empresas y bancos.