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Vestirse no es una acción ingenua

Vestirse no es una acción ingenua

Lali llegó al Festival de San Sebastián con una remera que llevaba la frase “Las Malvinas son argentinas” y volvió a poner en escena una idea que atraviesa la moda: la ropa también puede funcionar como lenguaje. Una mirada sobre los símbolos, las elecciones de vestuario y todo aquello que comunicamos incluso antes de hablar.

A veces una remera es solo una remera. Y a veces no.

Lali Espósito llegó al Festival de San Sebastián con una remera blanca que llevaba una frase que, para cualquier argentino, tiene una enorme carga simbólica: “Las Malvinas son argentinas”, reproducida con la misma estética de la bandera que la Selección Argentina desplegó después de eliminar a Inglaterra en la semifinal del Mundial 2026.

A simple vista, el look es sencillo. Pero resulta difícil leerlo como neutro cuando la prenda que ocupa el centro de la escena dice exactamente eso. Y ahí aparece algo interesante: Lali no está usando solamente una prenda. Está utilizando la ropa como lenguaje.

Llegar a España con esa remera, después de que Argentina perdiera la final del Mundial justamente frente a España, suma otra capa de significado al gesto. No sabemos cuál fue la intención exacta detrás de la elección y sería apresurado atribuírsela. Pero hay algo concreto que sí podemos observar: antes de que Lali diga una palabra, la prenda ya está comunicando.

Y no es la primera vez que utiliza su vestuario de esa manera. En febrero, durante su presentación en Cosquín Rock, llevó un vestido intervenido con frases y mensajes de odio que había recibido en redes sociales. Una vez más, convirtió aquello que había sido dirigido contra ella en parte de su propia imagen.

Esto nos lleva a pensar en algo, que la ropa también comunica. Vestirnos no es simplemente cubrir el cuerpo. Es una forma de presentarnos ante los demás y de construir una determinada imagen. Los colores, las prendas, los accesorios, las texturas, las siluetas y los símbolos que elegimos pueden transmitir información sobre nuestra identidad, nuestras pertenencias, nuestras ideas o aquello que queremos provocar en quien nos mira.

La moda lo sabe desde hace muchísimo tiempo por ejemplo el jean fue usado como símbolo de rebeldía, otras prendas que fueron utilizadas por movimientos sociales y culturales son algunos ejemplos de cómo la indumentaria puede convertirse en un signo que trasciende su función original.

No hace falta, sin embargo, que exista una consigna política para que la ropa comunique. También lo hace una elección cotidiana: el color que usamos para una entrevista de trabajo, el traje que elegimos para una ceremonia, las zapatillas que incorporamos a un look formal o una prenda que decidimos repetir porque sentimos que nos representa.

Incluso cuando no existe una intención consciente detrás, quienes nos rodean construyen interpretaciones a partir de nuestra apariencia. La vestimenta forma parte de esa primera información que reciben los demás cuando nos conocen y, junto con otros elementos de nuestra presencia, contribuye a construir una impresión.

Por eso, más que preguntarnos qué dice determinada prenda en términos absolutos, quizás la pregunta sea qué puede llegar a comunicar en un contexto determinado.

El caso de Lali vuelve visible algo que sucede todos los días, aunque muchas veces pase inadvertido: antes de hablar, ya estamos comunicando.

Y en una época en la que cada aparición pública puede convertirse rápidamente en una imagen viral, una prenda puede terminar diciendo mucho más de lo que dice una persona en una entrevista.

Porque, a veces, una remera es solo una remera.

Y a veces, no.