Andrea es médica desde hace treinta años. Nunca había tenido problemas con ningún paciente, jamás recibió quejas. Pero una denuncia en su contra casi derrumba su vida por completo. La verdad detrás de la historia que algunos quisieron esconder tras el morbo y una serie de mentiras injustificadas.
Después de seis años de acusaciones, exposición pública y un proceso judicial extenso, la Justicia platense absolvió a la médica Andrea Soria, denunciada en 2019 por presunta mala praxis. El fallo, dictado por el Juzgado Correccional N° 4 de La Plata a cargo de la jueza Claudia Greco, concluyó que no existió delito y confirmó la inocencia de la profesional.
La denuncia había sido impulsada por Silvina Bravo, quien aseguró que durante un procedimiento estético se le había inyectado una sustancia “prohibida”, lo que —según su relato— le habría generado diversas complicaciones de salud. Sin embargo, el análisis judicial posterior puso en duda esa versión inicial.
En diálogo con La Principal INFO, Soria compartió su sentimiento. Es que, pese a su felicidad, lo cierto es que la doctora debió sostener su imagen durante años cargando con el peso de los insultos y una serie de injurias que, afortunadamente, no lograron quebrarla.
El fin de un calvario de seis años
Luego de seis años de un calvario judicial y personal, el Juzgado en lo Correccional N° 4 de La Plata, a cargo de la Dra. Claudia Greco, ha dictado mi libre absolución el pasado viernes. Hoy, con la sentencia en la mano, puedo decir que la Justicia finalmente ratificó lo que siempre supe: mi inocencia frente a una denuncia carente de toda verdad.
Durante este largo proceso, no solo debí enfrentar una causa judicial, sino una divulgación pública llena de mentiras, insultos y difamaciones que fueron devastadoras en lo personal y en lo familiar. Verme en la televisión, en los diarios, en la web, señalada como si fuese una delincuente, fue una experiencia de una violencia difícil de procesar. Mi cabeza no podía asimilar la falsa información que se difundía con tanta liviandad por parte de algunos medios y periodistas que ni siquiera se tomaron el trabajo de leer el expediente y sólo creían en los dichos de Silvina Bravo, quien hasta me extorsionó económicamente y me amenazó con el domicilio de mis padres, dos personas de más de 90 años.
Por momentos me sentí abatida; el nivel de agresión y los insultos que recibí por algunos medios y Bravo fueron desmedidos: me acusaron de asesina, me insultaron libremente y hasta me acusaron de haber prendido fuego tres vehículos. Sin embargo, pese a ese intento de destrucción de mi imagen pública, hubo algo que la maldad y la mentira no pudo quebrar: la confianza de quienes realmente me conocen.
A pesar de la campaña de desprestigio, siempre conté con el apoyo de mi entorno, de mis pacientes y de las instituciones donde me desempeño laboralmente, ellos nunca tomaron esas mentiras como ciertas. El amor y el compromiso que he generado en estos 30 años de carrera fueron mucho más fuertes que cualquier difamación. Fue ese respaldo el que me dio las fuerzas necesarias para seguir trabajando día a día como médica, incluso en los días en que me sentía más golpeada por tanta violencia.
La sentencia de la Dra. Greco fue clara: no existió intoxicación y no hubo negligencia. Se desestimó aquel listado interminable de síntomas y enfermedades que se me intentó adjudicar sin ninguna prueba médica real: granulomas en glúteos, piernas y rodillas; hemorroides; esofagitis severa; llagas bucales; parálisis facial; visión doble (diplopía); lesiones en los nervios ópticos; calambres; caída de cabello y una inflamación generalizada que, según su relato, incluso le impidió mantener vínculos afectivos, derivando en su separación. La «verdad científica» se impuso sobre el relato mediático, devolviendo la racionalidad a un caso que nunca debió llegar a estas instancias.
Quiero agradecer profundamente a mi equipo de defensa, quienes no solo me defendieron jurídicamente, sino que me sostuvieron en los momentos más difíciles, el mismo estuvo liderado por Juan Manuel De Rosas, junto a Esteban García Gerónimo y, mención especial para Micaela Parra: mi hija, quien me defendió con altura y conocimiento profesional en su primer caso penal, verla ahí fue el orgullo más grande que pude tener en todo esto.
La medicina es mi vocación y la razón de mi existencia. De estos seis años elijo quedarme con el aprendizaje y con la satisfacción de saber que mi honor ha sido restituido. Aquellos que eligieron insultarme y mentir tendrán ahora que lidiar con su propia conciencia; yo elijo seguir adelante, con la frente en alto, haciendo lo que amo: ejercer la medicina.
Dra. Andrea Viviana Soria – Matrícula 112880

- El caso
Desde el comienzo del caso, la médica atravesó una fuerte exposición mediática. En algunos espacios, incluso, fue catalogada con términos extremos como “asesina”, en una cobertura que apeló a comparaciones sensibles y que, con el tiempo, quedaron desmentidas por el avance de la causa.
Con el correr de los años, la causa fue acumulando elementos que resultaron determinantes para el fallo. Por un lado, la defensa —integrada por los abogados Juan Manuel de Rosa, Micaela Parra y Gerónimo Gracía— sostuvo que la sustancia utilizada estaba aprobada por ANMAT y que el procedimiento se realizó conforme a los protocolos médicos correspondientes. Además, señalaron que se habían solicitado estudios previos a la paciente, contradiciendo así uno de los ejes centrales de la denuncia.
Finalmente, este lunes 20 de abril, la jueza Greco resolvió absolver a Andrea Soria al no encontrar pruebas suficientes que sostengan la acusación. El fallo marca el cierre de un proceso que se extendió durante más de media década y que tuvo un fuerte impacto en la vida profesional y personal de la médica.
Si bien la denunciante aún tiene la posibilidad de apelar la decisión, la resolución judicial representa un respaldo contundente a la actuación de Soria y pone en evidencia la falta de sustento de las acusaciones iniciales.
