Victoria tenía 17 años y desapareció durante una excursión en Brasil. Primero dijeron “muerte natural”, pero nuevas pericias apuntaron a un posible homicidio. Una década después, su padre sigue investigando por su cuenta.
El 11 de septiembre de 2015 debía ser un viaje escolar más. Pero terminó convirtiéndose en una historia marcada por el misterio, las dudas y una búsqueda incansable de justicia.
Victoria Mafra Natalini, una adolescente de 17 años, participaba de una excursión con su colegio en una finca rural de Itatiba, en San Pablo, Brasil. Había ido junto a otros 33 estudiantes para realizar actividades de topografía y matemáticas. No llevaba celular —la escuela lo prohibía— y confiaba en regresar a casa en pocos días. Incluso ya tenía planes: quería ver en vivo a su banda favorita, Queen.
Nunca volvió.

La última vez que la vieron
Cinco días después de haber llegado a la finca, los estudiantes se dividieron en grupos para realizar tareas de campo. Cerca de las 14:30, Victoria se separó del grupo: dijo que iba al baño y caminó hacia la casa principal, a unos 500 metros.
Esa fue la última vez que alguien la vio con vida.
Al notar su ausencia, sus compañeros alertaron a los docentes. La búsqueda comenzó tarde y se interrumpió durante la noche. Recién al día siguiente, un helicóptero policial encontró su cuerpo en las inmediaciones del predio.
Para su padre, Joao Carlos Natalini, ese momento marcó el inicio de una pesadilla. “Fue el peor día de mi vida”, recuerda.
Un caso lleno de dudas
El primer informe forense indicó una “causa indeterminada con indicios de muerte natural”. No había lesiones visibles, ni rastros de drogas o alcohol.
Pero la familia nunca creyó esa versión.
Natalini cuestionó desde el inicio las conclusiones oficiales: su hija estaba sana, hacía deporte y no tenía antecedentes médicos. Además, el estado en que fue hallado el cuerpo —boca abajo y con los brazos entrelazados— le resultaba sospechoso.
Ante la falta de respuestas, decidió avanzar por su cuenta.

La hipótesis que cambió todo
El padre contrató peritos privados que reconstruyeron el caso y llegaron a una conclusión completamente distinta: Victoria habría sido asesinada y su cuerpo trasladado.
Ese informe logró que la causa se reabriera y pasara al Departamento de Homicidios de San Pablo.
Un nuevo estudio forense oficial, realizado en 2016, reforzó las sospechas: determinó que la joven murió por “asfixia mecánica por sofocación directa”, un mecanismo que suele implicar la intervención de otra persona.
Para Natalini, la escena es clara: su hija habría sido atacada cuando caminaba sola hacia la casa de la finca.
Diez años sin respuestas
A pesar de los avances, el caso sigue sin resolverse. La Justicia ordenó una compensación económica a la escuela, aunque descartó responsabilidad penal de sus autoridades.
Mientras tanto, la investigación por homicidio fue reabierta y se encuentra en su etapa final, según fuentes oficiales.
Pero para el padre, nada alcanza.
Durante estos años impulsó campañas, reunió miles de firmas, creó perfiles en redes sociales y hasta ofreció una recompensa para quien aporte información clave.
“No me voy a rendir”
A una década de la muerte de su hija, Natalini sigue buscando la verdad.
“Es mi hija. No me arrepiento de nada”, afirma.
Su lucha no es solo personal: también expone un caso que, a pesar del tiempo, todavía guarda más preguntas que respuestas.
